Es curioso pensar las vueltas que da la vida, y que suelen hacer de ella algo increible.

Yo empecé en el mundo de la moto con mi padre, dando paseos de Pozuelo a Húmera, muy cerca de Madrid. Nos solíamos ir todas las noches de verano después de cenar a dar una vuelta, estaba impaciente por subirme con mi padre en la moto, era una Honda PX-R de 50 c.c., para mi, en ese momento, era la mejor moto. Me gustaba acompañarle a hacer la compra y al taller. Me gustaba ver con él los grandes premios y disfrutaba mucho con él y la moto.

Un buen día a mi hermana la regalaron una Honda NSR (réplica Sito Pons),  fué como subir de categoría. Recordaré toda mi vida el día que me dijo mi padre que fuéramos a dar una vuelta para que aprendiera a llevar una moto de marchas. Se me caló un par de veces, pero conducir esa moto fué estupendo.

En el año 93 mi padre por entonces tenía una CBR 600 F del 87. Siempre que había gran premio nos dábamos una vuelta por San Lorenzo de El Escorial, Brunete y pueblos cercanos. Siempre que tenia que ir por algún sitio le decía que le acompañaba y nos íbamos los dos. Cualquier momento era bueno para darme una vuelta con él.

Cuando me saque el carnet de moto en el 97, mi padre me dijo que podía utilizar la CBR, eso fué como subir a la categoría reina. Con mucho cuidado, me decía. Me marchaba todos los sábados y domingos con mi moto, no paraba de hacerla kilómetros y kilómetros, disfrutaba montando en moto como nunca.

Pronto empecé a trabajar y a conocer gente. Fué entonces cuando me dí cuenta de que no sólo disfrutaba de la moto, sino también de los amigos, porque haces con ellos kilómetros de sol, de lluvia, de nieve, pero sobre todo porque haces kilómetros de amistad, que son los mejores kilómetros.

Me he ido a Jerez, Pingüinos, Assen, y un sin fin de lugares. He tenido 8 motos diferentes en 15 años, y he disfrutado con todas ellas, pero sobre todo tengo amigos que han vivido conmigo esas experiencias, y espero que hayan disfrutado conmigo tanto como yo con ellos.

Le doy las gracias a mi padre, que me enseñó el mundo de la moto, y a todas esas personas que he conocido y que me acompañan los domingos a curvear y pasarlo bien encima de la moto. Esos viajes con ellos por distintas ciudades y países han sido fascinantes. A todos ellos les doy las gracias.

Uves,

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